martes, 26 de junio de 2007
posted by Bessonykh at 21:30 | Permalink
Un cuento.. (I parte)
Ya había pasado un tiempo desde aquel momento que ella intentaba olvidar. No podía decir con exactitud cuánto, ya se perdía en las sombras de su psiquis. Sin embargo, ése sueño no la dejaba en paz.
No había noche en la que no soñara. Ya estaba harta. Voces, sombras, risas y llantos. No lo soportaba más.
Se levantaba sudando, y bañada en lágrimas de impotencia cerraba los puños implorando un poco de descanso.
No. No había descanso para ella. Y todas las noches cuando caía en esta realidad, una carcajada nerviosa, hueca y sorda salía de su garganta. Ataques de nervios. Vigilia. Insomnio. Día a día las ojeras que antes disimulaba con un poco de base, se hacían más profundas y notorias.
No entendía por qué no la dejaban en paz. No entendía por qué él no la dejaba en paz.
Cada medianoche veía su rostro. Ése rostro que alguna vez ella amó con devoción, hoy era quien protagonizaba sus pesadillas.
"¿Por qué no lo entiende? Me fui. No le pertenezco. Ya no más."
Sin embargo... de nuevo los temblores, las lágrimas y la carcajada.
Una vez más releyo las cartas. Más allá de su odio por las palabras hay algo que ella le reconoce a la expresión escrita. Las palabras escritas no se las lleva el viento. Quedan marcadas con el mismo sentimiento impregnado. Y lloró. Lloró al leer esos sentimientos y esas sensaciones. Revivió cada instante. Y por fin se decidió.
Esa noche no iba a ser igual.
Tomó nuevamente esos pedazos de papel y se puso a recordar el momento tan temido. Qué esfuerzo! Una conversación, un beso, una despedida, pastillas, (Qué dolor de cabeza!), una hoja de afeitar, (Recuerdo dolor, dolor y alivio) sangre, sangre por todos lados, delirio, una cuerda y un banco, (Me ahogo!, no puedo respirar, no puedo moverme!), músculos relajados, mareo, pulmones palpitando de dolor, finalmente... inconciencia.
Maldita sea. Que tarada. Una vez que revivió su suicidio lo vió.
continuará.....
No había noche en la que no soñara. Ya estaba harta. Voces, sombras, risas y llantos. No lo soportaba más.
Se levantaba sudando, y bañada en lágrimas de impotencia cerraba los puños implorando un poco de descanso.
No. No había descanso para ella. Y todas las noches cuando caía en esta realidad, una carcajada nerviosa, hueca y sorda salía de su garganta. Ataques de nervios. Vigilia. Insomnio. Día a día las ojeras que antes disimulaba con un poco de base, se hacían más profundas y notorias.
No entendía por qué no la dejaban en paz. No entendía por qué él no la dejaba en paz.
Cada medianoche veía su rostro. Ése rostro que alguna vez ella amó con devoción, hoy era quien protagonizaba sus pesadillas.
"¿Por qué no lo entiende? Me fui. No le pertenezco. Ya no más."
Sin embargo... de nuevo los temblores, las lágrimas y la carcajada.
Una vez más releyo las cartas. Más allá de su odio por las palabras hay algo que ella le reconoce a la expresión escrita. Las palabras escritas no se las lleva el viento. Quedan marcadas con el mismo sentimiento impregnado. Y lloró. Lloró al leer esos sentimientos y esas sensaciones. Revivió cada instante. Y por fin se decidió.
Esa noche no iba a ser igual.
Tomó nuevamente esos pedazos de papel y se puso a recordar el momento tan temido. Qué esfuerzo! Una conversación, un beso, una despedida, pastillas, (Qué dolor de cabeza!), una hoja de afeitar, (Recuerdo dolor, dolor y alivio) sangre, sangre por todos lados, delirio, una cuerda y un banco, (Me ahogo!, no puedo respirar, no puedo moverme!), músculos relajados, mareo, pulmones palpitando de dolor, finalmente... inconciencia.
Maldita sea. Que tarada. Una vez que revivió su suicidio lo vió.
continuará.....




estoy muy impactada por este cuento... me encantó. espero más. quiero más!
GuHäda!
www.myspace.com/guadalupefariasgomez